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Sistema de Indicadores sobre Desertificación para la Europa Mediterránea

 

Las principales cuestiones asociadas con la desertificación en el Mediterráneo

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Abandono de la tierra
Autor principal: Constantinos Kosmas <lsos2kok@aua.gr>
Con contribuciones de: Maria José Roxo y Pedro Cortesao Casimiro <mj.roxo@iol.pt>, Jorge García Gómez <jorgegg@um.es>, Giovanni Quaranta, Rosanna Salvia <quaranta@unibas.it>
Traducción: Juan Ramón Molina Menor

g Descripción de las razones que llevan al abandono de la tierra y por qué es un problema en el contexto de la desertificación
g Ejemplos de abandono de la tierra en áreas mediterráneas
g Portugal
g España
g Italia
g Grecia
g Descripción general de la interrelación de los indicadores
g Tabla de indicadores específicamente relacionados con este problema

g Descripción de las razones que llevan al abandono de la tierra y por qué es un problema en el contexto de la desertificación
Autor: Constantinos Kosmas <lsos2kok@aua.gr>

La extensa deforestación y el cultivo intensivo de las áreas de monte en la región mediterránea, prácticas que se vienen desarrollando desde la Antigüedad, han conducido a la degradación y erosión de los suelos. Algunos años presentan condiciones meteorológicas tan adversas para los cultivos, especialmente al principio de la fase de crecimiento, que los suelos permanecen desnudos, creando condiciones favorables para los flujos superficiales y la erosión. Los suelos de esta región, desarrollados sobre formaciones geológicas del Terciario y del Cuaternario, presentan a menudo capas inferiores limitantes tales como horizontes petrocálcicos o roca madre. Con unas elevadas tasas de erosión asociadas a un clima cálido y seco, los cultivos de secano no son rentables en estos suelos, lo que acarrea el abandono de la tierra y su desertificación.

A medida que el suelo se va erosionando, la baja productividad de los cultivos agrícolas hace que los agricultores suelan transformar los terrenos en pastizales. Las tierras de pastoreo de la región mediterránea se definen a menudo como tierras abandonadas (Martinez-Fernandez et al., 1995; Lopez-Bermudez et al., 1996; Roxo et al., 1996; Puigdefabregas et al., 1996). Estos autores han usado los términos ‘tierras abandonadas’ y ‘tierras de pastoreo’ simultáneamente. El pastoreo o la caza son considerados como usos tradicionales de las tierras abandonadas en la región mediterránea. Solo unas pocas zonas que han sido cercadas o sometidas a un estricto control por sus propietarios permanecen libres del pastoreo nómada o permanente de rebaños y manadas. Casi toda la vegetación natural de la cuenca mediterránea, a excepción de algunos bosques, está sujeta al pastoreo en mayor o menor medida (Clark, 1996). Por lo tanto el término ‘tierras abandonadas’ se usa para designar zonas previamente cultivadas en las que la actividad agrícola ha cesado para permitir el desarrollo de una vegetación natural sometida a diversas intensidades de pastoreo. Del mismo modo, si las condiciones climáticas son desfavorables, las tierras de regadío pueden ser abandonadas tras una sequía o una reducción del suministro de agua.

Tierras abandonadas en Lesvos (Grecia) desde hace unos 50 años, previamente cultivadas con cereales y utilizadas actualmente como pastizales.

Los efectos del abandono sobre la calidad de la tierra y sobre la desertificación pueden ser positivos o negativos, dependiendo de las condiciones edáficas y climáticas de la zona. Los suelos que disfrutan de buenas condiciones climáticas pueden mantener una cobertura vegetal que les permita mejorar con el tiempo gracias a la acumulación de materia orgánica, al aumento de su actividad biológica, a la mejora de su estructura, al incremento de su capacidad de infiltración y por lo tanto a la disminución de su riesgo de erosión (Trimble, 1990). Martinez-Fernandez et al. (1995) han descrito un efecto positivo del abandono de la tierra. Las características de los suelos abandonados durante diez años se aproximaban a las que tenían antes de ser cultivados. El abandono del área considerada en este estudio supuso la mejora de características del suelo tales como el contenido de materia orgánica, la capacidad de retención de agua o la estabilidad estructural y de los agregados. Jaiyeoba (1995) y Unger (1997) describen el deterioro de la fertilidad de los suelos cultivados y demuestran que los suelos sometidos a diversos tipos de usos agrícolas contienen menos materia orgánica, nitrógeno total, bases intercambiables y CIC que suelos similares ocupados por vegetación natural. Lopez-Bermudez et al. (1996) muestra, en un estudio realizado sobre una ladera situada en el sur de España sometida a varias condiciones de abandono y cultivo, que los suelos en barbecho o abandonados durante 4-10 años recuperan progresivamente la cobertura vegetal y aumentan de forma significativa su contenido en materia orgánica, la estabilidad de sus agregados, su capacidad de retención de agua y su conductividad hidráulica. Sin embargo, si la cobertura vegetal no consigue recuperarse y se mantiene escasa, los procesos erosivos pueden ser muy activos y la regeneración de las tierras abandonadas volverse imposible. Son muchos los autores que han demostrado, en un amplio rango de condiciones, que tanto la escorrentía como la pérdida de sedimentos disminuyen exponencialmente a medida que aumenta el porcentaje de cobertura vegetal (Elwell and Stocking, 1976; Lee and Skogerboe, 1985; Francis and Thornes, 1990). Kosmas et al. (1997) mostraron que en las zonas de colinas cubiertas de matorral mediterráneo la escorrentía y la pérdida de sedimentos aumentan con las precipitaciones anuales, disminuyendo hasta el umbral de los 280-300 mm. Atribuyen este fenómeno a la disminución de la cobertura vegetal. En las zonas con lluvias inferiores a este umbral la erosión disminuye según aumentan las precipitaciones. Martinez-Fernandez et al. (1996) demostraron que el uso del suelo posterior al abandono tiene una importancia crucial para la evolución de las características de la tierra.

Uno de los principales objetivos del estudio de la capacidad de los ecosistemas para volver a su estado original tras ser perturbados (resiliencia) es la predicción de la respuesta de dichos sistemas frente a diversas perturbaciones naturales e inducidas por el hombre (Dell et al., 1986; Westman, 1986), tales como la sequía, el fuego, el pastoreo, la eliminación de la vegetación o el cultivo. El pastoreo moderado de tierras abandonadas tras un uso agrícola puede conducir a un rejuvenecimiento parcial de las comunidades vegetales acompañado de un aumento del índice de diversidad (Fox and Fox, 1986; Martinez-Fernandez et al., 1996). El declive de la vegetación debido al sobrepastoreo puede acarrear la pérdida de familias de plantas herbáceas (Leguminosas, Gramíneas) cuyas características ayudan a mantener la estructura del suelo. Estas familias de plantas pueden proteger la superficie del suelo de los efectos del impacto de las gotas de lluvia, así como reducir las tasas de erosión al aumentar la estabilidad de los agregados del suelo. La perturbación que representa el pastoreo no supone la eliminación completa de la vegetación, como sucede con un incendio intenso. El impacto del fuego es mayor en las áreas con una menor frecuencia de incendios (Fox and Fox, 1986). Un aumento de esa frecuencia conlleva una reducción del número de especies vegetales debido a la desaparición de aquéllas que no pueden persistir cuando los incendios se repiten con demasiada frecuencia (Fox and Fox, 1986; Grove and Rackham, 1996).

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g Ejemplos de abandono de la tierra en áreas mediterráneas

g Bajo Alentejo interior, Portugal - Ribera izquierda del río Guadiana
Autores: Maria Roxo, Pedro Casimiro <mj.roxo@iol.pt>

Este área se sitúa en la penillanura del Alentejo Sur, una superficie de erosión poligénica formada al principio del periodo cuaternario. La evolución del paisaje actual, de topografía ondulada, se explica por la erosión regresiva de la incisión fluvial del cauce principal, el Guadiana, así como por la elevada impermeabilidad de su litología, correspondiente a formaciones paleozoicas. Como consecuencia, existe una notable homogeneidad de altura de los puntos más altos del relieve, alrededor de 180-220 m.

El paisaje se caracteriza por una sucesión de cimas aplanadas y pendientes suaves, con perfiles simples que nunca superan el 25%. Existen, sin embargo, algunas zonas que presentan fuertes pendientes causadas por contrastes litológicos (afloramientos rocosos) o por la acción de la corriente del río Guadiana a lo largo de fallas y fracturas. Esta morfología y sus suelos son una consecuencia de la naturaleza metamórfica del material original, dominado por los esquistos rojos del Devónico Inferior y cubierto por una red de drenaje extremadamente densa. El paisaje suele presentar vastas superficies llanas formadas sobre esquistos amarillos del Carbonífero.

Los suelos se clasifican como mediterráneos rojos (VX), poco profundos (10-30 cm) o muy poco profundos (menos de 5 cm). En el área de Vale Formoso la observación de algunos perfiles revela que el horizonte Ap yace normalmente sobre un horizonte CB de transición, formado por una roca madre bastante meteorizada (Vacca and Roxo 1994). Análisis de textura recientes indican que el horizonte Ap está compuesto por un 26-34% de arena gruesa, un 28-32% de arena fina, un 12-24% de limo y un 12-24% de arcilla (“suelo franco”). El contenido en materia orgánica del suelo es extremadamente bajo, alrededor de un 2%.

El clima es mediterráneo con influencia continental. Las lluvias se concentran en el otoño y el invierno (67% de las precipitaciones anuales medias), seguidas por una larga y calurosa estación seca que va de mayo a septiembre y que conlleva un serio estrés hídrico para la vegetación que, como consecuencia, presenta características subxerofíticas. La variabilidad de las precipitaciones es extrema, tanto anualmente (variando entre 1041,4 mm en 1989/90 y 236,4 mm en 1980/81) como mensualmente (la media anual total fue de 562 mm para el periodo 1931-90). Las precipitaciones se concentran a veces en un reducido número de fenómenos tormentosos muy violentos. Los periodos de sequía, que en ocasiones duran varios años (p. ej. 1980-82, 1990-93) tienen un impacto socioeconómico crítico, al igual que los años extremadamente pluviosos (que son menos habituales). La temperatura media anual del aire es de 16,3°C sin variaciones espaciales destacables. No obstante la temperatura media máxima supera frecuentemente los 30°C en julio y agosto (con máximas de 43-44°C varios días al año), y la temperatura media mínima puede bajar hasta los 4°C en enero y febrero.

El análisis de la evolución del uso del suelo en el Bajo Alentejo interior durante los últimos 300 años (Casimiro 1993, Roxo 1994) muestra un gran incremento de la superficie de tierras agrícolas obtenidas a costa de las zonas de bosque y matorral. A principios del siglo XIX la agricultura era ya una actividad generalizada, basada en el cultivo de cereales y el pastoreo. La degradación medioambiental inducida por el hombre, especialmente en las zonas que solo podían soportar un pastoreo de baja intensidad, empezó mucho antes, en la Edad Media.

Campos abandonados en las colinas de la Sierra de Mértola (fotografía de P. Casimiro).
Campos abandonados en el sur del municipio de Mértola (fotografía de P. Casimiro).

Entre 1900 y 1950, la práctica totalidad de las zonas naturales restantes (las cimas de los montes y las pendientes más acusadas) fueron transformadas en campos de cereales, gracias al estímulo que supuso la división y donación de tierras comunales. La mayor parte del Bajo Alentejo Interior se convirtió en una zona desarbolada dedicada al monocultivo de cereales, con algunas manchas de Quercus y matorral. Esta situación fue estimulada aún más por la política gubernamental llamada la Campaña del Trigo, que favorecía a los agricultores con semillas, abonos, maquinaria y subsidios. En los años cincuenta se admitió de forma oficial la gravedad del nivel de degradación de los suelos.

Entre 1950 y 1985 la agricultura empezó a declinar, la población fue emigrando a las principales ciudades o al extranjero, iniciándose la despoblación. El abandono de la tierra se convirtió en realidad. En 1986, cuando Portugal entró en la UE, el coste de producción del trigo era entre tres y cuatro veces superior al de cualquier país del norte de Europa. La tendencia actual es a abandonar o a convertir las tierras agrícolas mediante la reforestación con especies endógenas (Quercus suber, Quercus ilex) o, lo que es más común, con pinos (Pinus pinea). Sin embargo se observa recientemente un renovado interés por la ganadería, especialmente vacuna, que se añade a la tradicional ganadería ovina. Ambas reciben un apoyo económico creciente por parte de la PAC.

De esta manera se están convirtiendo en pastos (naturales o mejorados) amplias zonas que habían sido abandonadas. Pero este proceso tiene una serie de fases críticas, ya que el suelo está sujeto a ciertas operaciones que favorecen la degradación de sus propiedades físicas y químicas, por ejemplo cuando los matorrales son cortados y eliminados, o cuando el laboreo previo a la siembra es demasiado profundo.

No obstante, de acuerdo con las características edafoclimáticas del Bajo Alentejo interior, el abandono de las tierras permite una mejora de las condiciones del suelo y favorece la reaparición de especies vegetales naturales (anuales y perennes), lo que minimiza o neutraliza prácticamente los procesos de erosión. Los resultados experimentales obtenidos en el estudio de parcelas de 20 por 20 metros situadas en zonas abandonadas de diferentes antigüedades (entre menos de 5 años y más de 25 años, estudiadas en el marco del proyecto MEDALUS II) revelaron, en términos de propiedades del suelo, una clara recuperación del contenido en materia orgánica y de las condiciones de drenaje, así como un mejor desarrollo del perfil vertical del suelo. La cobertura vegetal gana una mayor densidad y un mayor número de especies cuanto más largo es el periodo de abandono.

Es importante tener en cuenta que el grado de recuperación depende del estado de degradación inicial. Incluso cuando el abandono ha sido largo, existen situaciones en las que los procesos de regeneración son extremadamente lentos o imposibles, lo que suele estar asociado con altos grados de degradación y desertificación.

Ejemplo de abandono de la tierra con altas tasas de erosión y de degradación. Bajo Alentejo interior. (Fotografía de P. Casimiro.)

La relación entre la erosión hídrica del suelo y el abandono de la tierra ha sido estudiada en el Centro de Erosión de Vale Formoso, utilizando una parcela de erosión Wischmeier (20 x 8,33 m) abandonada en 1989. Los resultados muestran una clara disminución de las tasas de erosión.

Variación de las tasas de erosión del suelo a lo largo del tiempo en áreas abandonadas del Bajo Alentejo interior.

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g España
Autores: Jorge García Gómez <jorgegg@um.es>, Francisco López Bermúdez <lopber@um.es>

Los procesos de abandono de la tierra son similares en muchos lugares de la Europa Mediterránea. En la cuenca del Guadalentín (sureste de España) los principales factores que conducen al abandono son socioeconómicos, especialmente en las zonas agrícolas de secano. El fenómeno es más común en las zonas de secano porque el abandono de la agricultura de regadío, que requiere menos superficie y rinde mayores beneficios, es menos probable.

En general la agricultura de secano se está volviendo cada vez más marginal. Las ayudas de la UE son indispensables para mantener unos ingresos suficientes en las explotaciones. Esto hace que los cambios en la normativa europea afecten a las decisiones que toman los agricultores. La edad de estos es otro de los factores importantes. Las nuevas generaciones son reticentes a la hora de proseguir la actividad debido a que los ingresos no están garantizados y prefieren trabajar en otros sectores de la economía, a menudo fuera de las áreas rurales. La fragmentación de las parcelas también reviste importancia. La rentabilidad de los cultivos de secano requiere parcelas de gran superficie, pero los procesos de división de las tierras (de padres a hijos) lo hacen difícil.

En el caso concreto de la cuenca del Guadalentín en Murcia, son las parcelas de almendros las que corren el mayor riesgo de ser abandonadas. Se trata del cultivo más importante en las zonas de secano, realizado frecuentemente en terrazas o suelos marginales. En algunas de estas zonas se han empezado a cultivar olivos debido a que existen más ayudas de la UE para este cultivo. La escasa rentabilidad provocada por los bajos precios del mercado, los fenómenos climáticos como la sequía o las heladas y la competencia de los mercados extranjeros conducen al abandono de las tierras.

Terrazas abandonadas en Cieza (fotografía de F. López Bermúdez).

El abandono de un terreno puede suponer el deterioro o la mejora del estado de su cobertura vegetal, según sean las condiciones edafoclimáticas de la zona. Se considera que un proceso natural de restauración del suelo puede desarrollarse en un medio ambiente rico en vegetación, aunque puede verse retrasado si las condiciones del suelo eran desfavorables en el momento del abandono o si se producen incendios periódicos. Por el contrario, un terreno cultivado que adolezca de una escasa fertilidad del suelo correrá un mayor riesgo de sufrir graves procesos de degradación del suelo si no se le aplican las prácticas de manejo apropiadas o si es abandonado en ese momento.

La pérdida de vegetación de un suelo y su progresiva pérdida de capacidad para regenerar una adecuada cobertura vegetal, producidas por la erosión hídrica tras una repetición de incendios, han conducido extensas zonas de monte de la región mediterránea a una grave degradación y desertificación. Además, en las áreas afectadas por incendios o abandonadas tras un uso agrícola, la sucesión secundaria se ha vuelto dominante, lo que comporta un matorral menos diversificado y una disminución de la riqueza en especies y de la cobertura. Si se abandonan los campos de almendros existe un riesgo particularmente elevado de erosión e incendios.

Es importante conocer no solo las características actuales de un área sino también la historia de los usos del suelo (o evolución de los usos del suelo) en ese área. Estos factores nos darán una idea acerca de los procesos que pueden producirse si se abandonan las tierras. De hecho, las áreas que se abandonan primero son las menos rentables o las que son más difíciles de cultivar. Se trata de zonas marginales o con fuertes pendientes en las que el abandono conlleva consecuencias significativas sobre varios procesos de degradación. La restauración natural de estas zonas es muy difícil, aún más a causa de la elevada aridez y del estrés hídrico. El bajo contenido en materia orgánica, la escasa cobertura vegetal, las pendientes y las condiciones climáticas (menos de 300 mm de lluvia al año, con precipitaciones torrenciales, periodos de sequía y una fuerte insolación que ronda las 3000 horas anuales) provocan un gran déficit hídrico y dan un carácter extremadamente árido a la cuenca. Estas condiciones hacen que los procesos erosivos sean comunes e intensos. Los procesos de restauración natural son realmente lentos o imposibles en esta zona, y la erosión persistente puede conducir a estados avanzados de degradación y de desertificación de los suelos.

Referencias

  • Belmonte Serrato, F.; Romero Díaz, A.; López Bermúdez, F.,1999: Efectos sobre la cubierta vegetal, la escorrentía y la erosión del suelo, de la alternancia cultivo-abandono en parcelas experimentales. Investigaciones Geográficas,22: 95-107. Instituto Universitario de Geografía. Universidad de Alicante.
  • Bonet A. 2004; Secondary succession of semi-arid Mediterranean old-fields in south-eastern Spain: insights for conservation and restoration of degraded lands. Journal of Arid Environments 56 (2004) 213-233.
  • Dunjo Gemma, Pardini Giovanni, Gispert Maria. 2003; Land use change effects on abandoned terraced soils in a Mediterranean catchment, NE Spain. Catena 52 (2003) 23-37.
  • Gallego Fernández Juan B., García Mora M. Rosario and García Novo Francisco. 2004. Vegetation dynamics of Mediterranean shrublands in former cultural
    landscape at Grazalema Mountains, South Spain. Plant Ecology 172: 83-94, 2004.
  • LÓPEZ-BERMÚDEZ, F.; ROMERO DÍAZ,A.; CABEZAS, F.; ROJO SERRANO,L.; MARTINEZ FERNANDEZ,J., BOER,M.; DEL BARRIO, G., 1998: The Guadalentin Basin, Murcia, Spain. In P.Mairota, J.B. Thornes $ N.Geeson, Eds. Atlas of Mediterranean Environments in Europe. Wiley. Chichester, 130-142.
  • Martinez Fernández, J; Martinez Fernández, J; López Bermúdez, F., 1994: "Evolución de algunas propiedades edáficas y de la vegetación en campos abandonados en ambiente semiárido". En Efectos geomorfológicos del abandono de tierras. J.M. García-Ruiz; T.Lasanta (Eds). Sociedad Española de Geomorfología. Instituto Pirenaico de Ecología, CSIC.ISBN: 84-89054-03-7. Logroño: 107-120.
  • Martinez Fernandez, J.; Martinez Fernandez, J.; Lopez Bermúdez, F.; Romero Díaz, M.A.; Belmonte Serrato,F.,1996: "Evolution of vegetation and pedological characteristics in fields with different age of abandonment: A case study in Murcia (Spain)". In Soil Degradation and Desertification in Mediterranean Environments. J.L. Rubio & A. Calvo, Eds. Geoforma Ediciones. ISBN:84-87779-26-3. Logroño: 279-290.
  • RUECKER G., SCHAD P., ALCUBILLA M.M., FERRER C., 1998. Natural regeneration of degraded soils and site changes on abandoned agricultural terraces in Mediterranean Spain. Land Degradation & Development. 9, 179-188 (1998).

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g La cuenca del Agri, Italia
Autores: Giovanni Quaranta, Rosanna Salvia <quaranta@unibas.it>

Para comprender las razones que conducen al abandono de la tierra en la cuenca del Agri se deben examinar los cambios que se producen en el uso del suelo, especialmente de las tierras agrícolas.

La cuenca del Agri se encuentra en la región de Basilicata en el sur de Italia. Esta situada en el corazón de los montes Apeninos de Basilicata y abarca 1.730 kilómetros cuadrados, contando con una población de 94.291 habitantes. El río Agri recorre 136 km hasta desembocar en el mar Mediterráneo.

Durante el siglo XIX se produjeron profundos cambios en el paisaje de la cuenca del Agri (Morano, 1994, Storia di una società rurale: la Basilicata nell'ottocento, Laterza, Bari) a causa de una deforestación masiva (Tichy, 1962). De las 290.000 ha de bosque con las que contaba la Región de Basilicata al principio de ese siglo, el 17% fueron destruidas entre 1800 y 1860, otro 20% entre 1860 y 1908, y el 19% entre 1908 y 1930. A pesar de las medidas adoptadas en primer lugar por las autoridades francesas y luego por las borbónicas, más de la mitad de la superficie forestal de Basilicata fue destruida durante este periodo. La razón principal fue el crecimiento de la población, pero también hay que considerar las grandes transformaciones sociales que tuvieron lugar durante ese siglo. De hecho, la transformación del sistema feudal en una nueva burguesía de terratenientes, caracterizada por un sistema latifundista, provocó también una deforestación motivada por intereses a corto plazo. Después de este periodo de intensa degradación la superficie forestal se estabilizó. Una primera ley especial fue adoptada en 1923 (Ley n° 3267, 20 de diciembre, 1923) para detener la destrucción de los bosques y promover medidas de restauración. Sin embargo comenzó al mismo tiempo una “batalla del trigo” para contrabalancear la prohibición de emigrar y cubrir las crecientes necesidades de la población, lo que supuso una expansión de las áreas cultivadas y una reducción del impacto de las medidas de conservación del suelo.

A pesar de la “batalla del trigo”, la superficie forestal se mantuvo estable entre los años veinte y los ochenta, momento en el que se produjo un notable incremento de la superficie como consecuencia de los incentivos regionales para la reforestación de áreas sensibles a la erosión, promovidos por el gobierno italiano y las autoridades regionales. Al mismo tiempo que se desarrollaba el proceso de reforestación, que afectó principalmente a terrenos públicos, la deforestación continuaba en los terrenos privados, produciéndose un aumento de la superficie cultivada. Es una de las consecuencia de las medidas adoptadas por la UE en el sector agrícola y ha conllevado, desde el periodo fascista, un continuo incremento de las tierras arables dedicadas al cultivo de cereales.

En la última década la cuenca del Agri ha experimentado una gran disminución del Área Agrícola Total (TAA) y del Área Agrícola Utilizada (UAA), siguiendo la misma tendencia que afecta al resto de la Región de Basilicata.

Área Agrícola Total (TAA) y Área Agrícola Utilizada (UAA), variaciones producidas entre 1990 y 2000.

Esta reducción afecta a los tipos de cultivos y a su distribución. Si se consideran los cambios experimentados en el área relativa utilizada por los cultivos que requieren intervenciones más importantes (en intensidad y en frecuencia), es decir, los cultivos de semilla y los arbóreos, se puede apreciar una disminución progresiva del uso agrícola del territorio en toda la cuenca del Agri.

Cambios en el porcentaje de la superficie cultivada respecto a la superficie total en las tres secciones de la cuenca del Agri.

La comparación de esta información con las tendencias de los cultivos más intensivos (de semilla y arbóreos) en relación con la UAA permite una interpretación más clara de lo que ha sucedido en las diferentes secciones de la cuenca.

Área dedicada a cultivos intensivos respecto al Área Agrícola Utilizada.

En la cuenca inferior del Agri, aunque se ha reducido en un 10% el uso agrícola del suelo, se ha producido una intensificación en el sector primario. Un 91% de la UAA se dedica a cultivos intensivos. En realidad existe una intensa competencia por el uso de los recursos del suelo entre el sector agrícola y los demás sectores de la economía, especialmente el turístico, lo que explica la progresiva reducción de las superficies agrícolas.

Cultivo intensivo en la cuenca inferior del Agri (fotografía de G. Quaranta).

En la cuenca media ambos valores muestran tendencias negativas que subrayan la actividad agrícola extensiva y el progresivo abandono de la tierra. La tendencia en la cuenca superior es similar a la de la cuenca inferior, aunque menos marcada.

La cuenca del Agri: un paisaje despoblado (fotografía de G. Quaranta).

Una confirmación suplementaria del grado de marginalización que sufre el territorio de la cuenca media del Agri viene de los datos acerca de la presencia de familias de agricultores viviendo en las explotaciones. El último censo de la zona revela que solo un 39% de las explotaciones agrícolas que cuentan con una residencia está habitado. Esto es extremadamente preocupante si se tiene en cuenta que la conservación del paisaje está relacionada con la presencia de agricultores.

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g Lesvos, Grecia
Autor: Constantinos Kosmas <lsos2kok@aua.gr>

La isla griega de Lesvos, de una superficie de 163.429 hectáreas, se encuentra en la parte nordeste del mar Egeo. Se caracteriza por una gran diversidad de paisajes, unidades litológicas y condiciones climáticas. Los usos del suelo son representativos de la región mediterránea: bosques seminaturales, matorral y unas tierras agrícolas que viven hoy en día un importante proceso de abandono. El clima de la zona, típicamente mediterráneo, se caracteriza por una gran variabilidad estacional y espacial de las precipitaciones, así como por amplias oscilaciones de las temperaturas diarias máximas y mínimas. Existe un gradiente de precipitaciones en los lugares estudiados a través de la isla que va de una cifra anual de 415 mm en la parte occidental hasta 677 mm en la parte oriental. La temperatura media del aire es de 17,7°C sin variaciones significativas a través de la isla. Una gran parte de la superficie está severamente degradada y desertificada, y el resto experimenta un deterioro lento pero constante de sus recursos naturales.

El análisis de la evolución del uso del suelo en Lesvos durante los últimos 4000 años muestra un enorme incremento de las tierras agrícolas a costa de las zonas forestales. Muchas de esas zonas fueron cortadas para ser cultivadas pero como las medidas de conservación del suelo eran insuficientes acabaron por erosionarse gravemente y tuvieron que ser abandonadas. El sobrepastoreo y los incendios destruyeron aún más la cobertura vegetal natural e impidieron su regeneración. Ahora esas zonas son en su mayoría improductivas, están poco pobladas y sufren una grave desertificación. El contexto socioeconómico y político, que determina el impacto del hombre sobre el medio ambiente, fue empeorando progresivamente, estimulando así la desertificación. Hace unos 45 o 50 años se produjo el abandono de las áreas dedicadas al cultivo extensivo de cereales, viñas y olivos que habían dejado de ser suficientemente rentables. Tras el abandono, estas áreas experimentaron un pastoreo moderado y los arbustos que se desarrollaron en ellas fueron eliminados ocasionalmente mediante quemas controladas.

Un área de colinas en Lesvos (Grecia) gravemente erosionada  tras un extenso periodo de cultivo de secano seguido de abandono. Usada actualmente para pastos. (Fotografía de C. Kosmas.)

En la isla de Lesvos se han efectuado estudios detallados acerca del efecto que tiene el cambio del uso del suelo sobre las propiedades del suelo y la regeneración de la vegetación, concretamente el paso de un uso agrícola del suelo arable a un uso como suelo no arable para pastos (abandonado). Se midieron (Kosmas et al., 2000) toda una serie de parámetros relacionados con la protección de los suelos tras el abandono, tales como la fertilidad (contenido en materia orgánica, pH, capacidad de intercambio de cationes, potasio y sodio intercambiables), la capacidad de retención de agua (características de retención de agua del suelo, profundidad del suelo), la resistencia a la erosión (estabilidad de los agregados del suelo) y las características de la vegetación (especies, cobertura). Los datos obtenidos indicaban que el pH de los suelos y su capacidad de intercambio de cationes se veían ligeramente afectadas tras el abandono si se comparaban con las de los suelos cultivados. Las cantidades de sodio y potasio intercambiables eran superiores en los suelos cultivados. El contenido en materia orgánica y la estabilidad de los agregados aumentaba sustancialmente en la mayoría de los suelos abandonados. Las características físicas del material original influenciaban grandemente la regeneración de la vegetación natural. Se establecía una profundidad del suelo crítica de 25-30 cm, por debajo de la cual la vegetación natural perenne se veía reducida rápidamente dadas las condiciones climáticas habituales en la zona estudiada. La tasa de reducción dependía del material original. La vegetación perenne podía no ser capaz de sobrevivir si el suelo estaba erosionado por debajo de una profundidad crítica estimada a 4-10 cm, según el material original. El estudio demuestra que la profundidad del suelo es el parámetro más importante que se debe considerar en los planes de modificación del uso del suelo de arable agrícola a no arable para pastos o abandonado.

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g Descripción general de la interrelación de los indicadores
Autor: Constantinos Kosmas <lsos2kok@aua.gr>

El proceso de abandono de la tierra puede verse afectado por varios factores relacionados con el medio ambiente físico y las características socioeconómicas y de gestión del territorio. El abandono de los tierras agrícolas puede preverse mediante la estimación de varios indicadores relacionados con la productividad del suelo y los ingresos del agricultor, tales como la profundidad del suelo, el material original, la pendiente, la cantidad y distribución de las precipitaciones, los subsidios existentes, la emigración, la disponibilidad de agua y la accesibilidad. Varios de estos indicadores están relacionados entre sí y dependen de las condiciones locales.

Indicadores relacionados con el abandono de la tierra.

Por definición, los paisajes semiáridos se ven limitados por la escasez del agua y son por lo tanto potencialmente sensibles a los cambios medioambientales y a sus efectos sobre el crecimiento de las plantas. El agua disponible para el crecimiento de las plantas depende de las condiciones climáticas (precipitación, evapotranspiración) y de la capacidad de almacenamiento de los suelos. La capacidad de almacenamiento de agua en el suelo se define como la capacidad de retención de agua (water holding capacity - WHC) de cada una de sus capas y depende de la textura, profundidad, pedregosidad y material original del suelo. Como se observa en la figura presentada más abajo, la producción de biomasa de trigo registrada en las zonas de monte griegas depende claramente de la profundidad del suelo. En las condiciones climáticas áridas, las más habituales en Grecia, la producción de trigo de secano está disminuyendo rápidamente porque la rentabilidad ya no es suficiente en los suelos de menos de 30 cm de profundidad. En esos casos las tierras deben abandonarse. Se puede deducir de esta figura que una profundidad de 25-30 cm constituye un umbral crítico en las condiciones de suelo y de clima existentes en la zona estudiada, un área en la que se debe abandonar el cultivo de las zonas de monte para que la regeneración de la vegetación natural proteja adecuadamente el suelo. Se debe resaltar el hecho de que esta profundidad crítica solo puede ser utilizada para la gestión del territorio y la protección del medio ambiente en las condiciones de suelo y clima locales, y que su aplicación a otras zonas puede ser arriesgada.

Relación entre la producción total de biomasa de trigo y la profundidad del suelo (Kosmas et al., 2001).

Durante los últimos cuarenta años, el clima y el suelo favorables unidos a la disponibilidad de aguas superficiales o subterráneas han permitido la expansión de una agricultura intensiva en las tierras bajas de la región mediterránea. El desarrollo de la agricultura intensiva en las llanuras ha aportado rendimientos netos mucho mayores que los que se obtenían en las áreas de monte o en el cultivo sobre terrazas. Además, el desarrollo de rápidos medios de transporte y el abaratamiento de las ofertas turísticas han estimulado la expansión del turismo de masas a lo largo de los últimos 30 años. La rápida expansión del turismo en la Europa mediterránea, especialmente en las zonas costeras, ha traído consigo la intensificación de la agricultura en las tierras bajas, el abandono de las terrazas agrícolas en las laderas y el incremento del número y de la frecuencia de los incendios. La elevada demanda del consumo doméstico o de otras actividades económicas ha aumentado el precio del agua y el coste de la producción agrícola, haciendo que en muchos casos se utilicen aguas de mala calidad (con una elevada conductividad eléctrica) para el riego. El uso de aguas que contienen altas concentraciones de sales aumenta la salinidad de los suelos y favorece la formación de tierras improductivas abandonadas y desertificadas, especialmente en las llanuras costeras.

La erosión del suelo debida a la escorrentía superficial, al viento y a las operaciones de laboreo es una seria amenaza para la calidad del suelo y la productividad de los cultivos. Las operaciones de laboreo efectuadas en las áreas de monte suponen el transporte de grandes cantidades de suelo a partir de las pendientes convexas hacia las zonas cóncavas. Los efectos de la erosión del suelo sobre la productividad dependen en gran medida de la profundidad y de la calidad de la capa arable del suelo, así como de la naturaleza del subsuelo (Frye et al., 1985; Acton and Padbury, 1993). La productividad de los suelos profundos con capas superficiales de buena calidad y excelentes subsuelos puede permanecer intacta a pesar de la erosión. Sin embargo la mayor parte de los suelos de las zonas de monte son poco profundos o tienen alguna característica indeseable en el subsuelo, como un horizonte petrocálcico o roca madre a poca profundidad, lo que influye negativamente sobre los rendimientos. En ambos casos la productividad irá disminuyendo, sea porque la capa arable del suelo se va reduciendo y el subsuelo indeseable se mezcla con el horizonte superficial a causa del laboreo, sea porque disminuyen la capacidad de almacenamiento de agua y la profundidad disponible para las raíces.

En muchas de las tierras altas se han construido terrazas para permitir el cultivo de cereales, viñas, olivos y otros cultivos. Las terrazas construidas con piedras tienen, en muchos casos, varios cientos o incluso miles de años. Estas terrazas, realizadas con un gran cuidado, adoptan una forma de media luna para los árboles individuales. El suelo que rellena las terrazas fue traído de otros lugares. Este tipo de cultivo conlleva un gran coste de mano de obra para la conservación de las terrazas. Durante las últimas décadas se ha producido una marcada desvalorización de estas terrazas debido a las dificultades asociadas al acceso y a la utilización de maquinaria. Algunas de estas zonas han sido hoy abandonadas y las terrazas se han derrumbado provocando una pérdida rápida del suelo, arrastrado por la escorrentía, allí donde los muros de piedra no están protegidos por las raíces de arbustos o árboles de crecimiento rápido. Conservar estas terrazas parece una opción muy costosa si la comparamos con la mayor parte de las alternativas existentes para luchar contra la erosión.

Terrazas abandonadas en una ladera poco accesible del Peloponeso (Grecia). Las terrazas se han derrumbado conllevando una fuerte erosión del suelo. (Fotografía de C. Kosmas.)

El proceso de degradación del suelo puede verse notablemente acelerado por la presencia de una gran densidad de ganado que acarrea la degradación de la vegetación y, a su vez, la compactación del suelo. Una de las consecuencias obvias del sobrepastoreo es el incremento de la erosión del suelo, ya que a medida que el paisaje se va desnudando la tierra se encuentra más expuesta a la erosión hídrica y eólica. En estas condiciones de manejo los suelos suelen desarrollar capas inferiores limitantes (horizontes petrocálcicos o roca madre), lo que unido a altas tasas de erosión y a condiciones climáticas cálidas y secas hacen que el cultivo de estas zonas deje de ser rentable, acarreando la desertificación y el abandono de la tierra. El sobrepastoreo de áreas climática y topográficamente marginales, especialmente cuando se ven afectadas por incendios, constituye un uso del suelo que favorece la desertificación y deteriora aún más los recursos existentes.

Tierras de pastos en Beja (Portugal) con una elevada carga ganadera que favorece la compactación del suelo y la erosión (fotografía de C. Kosmas).

La baja productividad de la tierra combinada con la pequeña dimensión de las explotaciones ha producido una emigración masiva de la población rural hacia las zonas urbanas. Las tierras han dejado de cultivarse para ser abandonadas o utilizadas de otras maneras por los agricultores que quedan. Actualmente se otorgan subsidios a algunos tipos de cultivos o usos del suelo (como olivos, cereales y pastos), lo que tiene una gran influencia sobre la intensidad de uso del suelo, el proceso de toma de decisiones sobre su uso y los ingresos de los agricultores. Por ejemplo, en algunos casos la productividad de los cultivos de cereales en zonas de colinas con suelos poco profundos y condiciones semiáridas es muy bajo, y es imposible mantenerlos sin un respaldo económico externo. A veces esas tierras deben ser abandonadas o usadas para pastos tras la retirada de los subsidios que se atribuyen por hectárea. En las tierras de pastos el número de animales ha aumentado de forma significativa durante las ultimas décadas gracias a la atribución de ayudas por animal. En algunos casos estos subsidios han tenido un efecto negativo indiscutible sobre el estado de degradación y desertificación de las tierras abandonadas.

Referencias

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